viernes, 28 de octubre de 2011

CHUAYFFET Y PATRICIA ESPINOSA: LAS CARAS DEL MEXICO CALDERONISTA.

José Luis Camacho Acevedo.

Alguna vez escuché a Emilio Chuaffet decir que “era el mexicano que más votos había obtenido después de cualquier candidato a la presidencia de la república”.

Hoy ya Chuayffet no lo es. Arturo Montiel, Enrique Peña Nieto y Eruviel Ávila obtuvieron mayor cantidad de votos que él en sus procesos electorales.

Pero es un político que sabe reconstruirse, mucho mejor de que lo hace el vapuleado ex presidente Salinas.

Antes de que renunciara a la secretaría de gobernación después de la matanza de Acteal, Chuayffet pasaba por una depresión política.

Una vez que lo visité en su despacho de Bucareli, platicamos sobre la necesidad de ejercer acción que reflejara el músculo de la dependencia.

Me permití sugerirle que esa muestra podría ser “destapar” a Nati González Parás como candidato a gobernador de Nuevo León.

Me enteré que después de la nominación de González Parás el mexiquense volvió a caer en su ánimo y vino el terrible incidente de Acteal.

Allí terminaron sus días en el zedillismo.

Chuyffet es hábil políticamente hablando, sin duda.

A pesar de que Zedillo había permitido a Labastida, ya en Gobernación, colocar a Humberto Lira Mora en la inocua sub secretaría de asuntos religiosos, y con ello le daba oportunidad de buscar el gobierno de su estado apadrinado por Ignacio Pichardo; Chuayffet maniobró eficazmente para que las cosas se acomodarán correctamente en el Estado de México a favor de Arturo Montiel Rojas.

Así lo comentamos Montiel y el que esto escribe con Emilio Gamboa en sus oficinas de la calle Barcelona donde fungía como subsecretario de medios de Labastida.

Se hacen críticas de Chuayffet porque su desempeño como presidente de la cámara de diputados parece puntilloso. Así ha sido siempre. Perfeccionista hasta el detalle. Pero siempre dentro de la norma y las leyes hasta el límite.

La Cámara es una olla de grillos. Pero Chuayffet no será Francisco Rojas, quien desde la coordinación de la bancada no ha podido quitarse del cuello el pie de la pesada tlaxcalteca Beatriz Paredes.

Seguramente Emilio sabrá capotear el huracán de intereses que mueven a los legisladores en estos tiempos de alta temperatura política.

El otro caso.

A principios del gobierno de Felipe Calderón circuló la versión de que Patricia Espinosa había llegado al cargo para cumplir una “cuota de género” en la conformación del gabinete. Que el presidente no la tenía prevista, que no era de su confianza y menos de su equipo cercano.

Y a estas alturas del sexenio de Calderón es la funcionaria con mayor credibilidad que tiene el gabinete.

Su declaración, peligrosa, expuesta; pero vertical e institucional en el sentido de que SÏ operan agentes de Estados Unidos en México en el combate a las drogas, “dentro de la norma y la constitución”, por primera vez el gobierno deja un sabor de respeto a la opinión pública sobre ese tema.

Espinosa, sin duda, ya es más confiable que Blake Mora o que Genaro García Luna.

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