miércoles, 26 de octubre de 2011

El humanismo cibernético de Steve Jobs

Carlos Reyes Romero

crr_44@hotmail.com

Ha muerto Steve Jobs, el genio, el gigante de la informática. Murió a los 56 años de edad; había nacido en 1955; 10 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Afortunadamente su generación, ni la nuestra, vivieron el horror de un nuevo holocausto.

Durante los últimos 66 años nos la hemos pasado bordeando el precipicio con un sinnúmero de guerras locales en Europa, en Asia, en África, en América Latina. Afortunadamente ninguna de ellas nos ha llevado a un enfrentamiento global y en todas, absolutamente en todas, los pueblos han terminando echando por la borda los designios imperiales o están trabajado para lograrlo.

Murió Steve Jobs. Se dice fácil pero significa tanto para la humanidad.

A este gran hombre, en realidad tan poco conocido por el gran público, le debemos los avances informáticos más relevantes del mundo contemporáneo, a partir de la creación en 1976, junto con Stephen Wozniak, de la primera computadora personal, la pequeña pero poderosa Apple I, la “manzanita” donde muchos incursionamos por vez primera en el terreno de la informática, de la cibernética sacada de los ámbitos militares para llevarla al hogar, a la escuela, a la oficina, a los talleres, como herramienta de trabajo y de aprendizaje continuo.

Steve Jobs fue un gran y generoso divulgador de conocimientos; por eso la Mc Intosh, la variedad principal de la manzanita siempre estuvo acompañada de los manuales necesarios para desarmarla, armarla y arreglarla por uno mismo. Mientras otros se enriquecen sustrayendo sus conocimientos a la mirada de los demás, Steve Jobs los divulgaba abiertamente. Por eso nunca llevó hasta sus últimas consecuencias el pleito judicial contra Bill Gates, luego que éste utilizara en sus productos una copia no autorizada del sistema operativo de las ventanitas (Windows) inventado por Apple desde el nacimiento de la Mc Intosh y que Bill Gates adaptó al sistema operativo de Hewlett Packard (el MS2).

Steve Jobs estaba convencido de que sus inventos ayudarían a la gente a crecer, a desplegar todo su potencial de aprendizaje, a fortalecer su inteligencia emocional. Actuaba convencido de que quien copia jamás aventajará a quien crea.

En el discurso inaugural de los cursos 2005 de la Universidad de Stanford, se retrata a sí mismo en toda su grandeza humana. Ante un auditorio académico reconoce que nunca concluyó una carrera profesional y que ese momento era lo más cercano que había estado de la universidad en toda su vida.

Y paradójicamente en esa ocasión nos induce a ponderar el valor del saber, del conocimiento, al relatarnos tres historias de su vida:

La primera, “Conectar los puntos”, lo cual significa que lo más importante al estudiar no es seguir al pie de la letra los planes y programas de estudios, sino abrir la mente y el corazón a la búsqueda de conocimientos con base en la intuición, la curiosidad y la indagación permanentes, aunque al principio nos parezcan conocimientos intrascendentes y sin ninguna aplicación práctica para nuestras vidas, porque al final de cuentas todo lo que uno aprende se conjunta, se interrelaciona o como dicen los filósofos: se concatena cuando lo necesitamos. Entonces, como que nos brota una visión de conjunto de las opciones y alternativas que podemos elegir para resolver determinado problema o situación o para caminar por la vida sin dejar de ser una persona de bien… sin dejarse envilecer ni someter. Como las computadoras que no sirven para nada sin información, igual nosotros no somos nada sin conocimientos. Los conocimientos siempre se enlazan hacia atrás, pero esa transitoria regresión es lo que nos permite avizorar las posibilidades y potencialidades del futuro.

La segunda remembranza, que versa sobre el amor y la pérdida y sirve de soporte para la emotiva convocatoria: “No os conforméis”, narra el profundo impacto que le causó la ruptura con Apple, la empresa que había contribuido a fundar desde joven, de la cual fue despedido a los 30 años y cómo a pesar de este “rechazo” no dejó de amar lo que le gustaba hacer. Decidió empezar de nuevo, de tal manera, afirma, que el despido de Apple fue lo mejor que pudo haberle pasado en su vida. Steve Jobs “Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante.” Sin anclarse en la amargura, ni en el resentimiento ni el rencor comenzó una de las etapas más creativas y fecundas de su vida. Y remata diciendo: “A veces la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para quienes os aman.” Y añade: “El trabajo ocupa una parte muy importante de vuestras vidas y la única manera de tener un trabajo genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado”.

La tercera, historia es sobre la muerte. Steve Jobs aludió a una frase que leyó en su adolescencia y que más o menos decía: “Sí vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón.” Luego hace un relato de cómo usamos la muerte para decidir lo que haríamos si ese fuera nuestro último día. Cuenta cómo empezó su relación con el cáncer de páncreas que finalmente le arrancó la vida y afirma sus nuevas certidumbres: “Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo, quiere morir para llegar ahí. Y sin embargo, la muerte es el destino que todos compartimos.” Y agrega, la siguiente reflexión: “Nadie ha escapado a ella y así tiene que ser. Porque la muerte es el agente de cambio de la vida; retira lo viejo para abrir paso a lo nuevo.”

Y se encamina hacia el cierre afirmando: “Vuestro tiempo es limitado; así que no lo gastéis viviendo la vida de otros. No os dejéis atrapar por el dogma, que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás, ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón, a vuestra propia intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú quieres ser; todo lo demás es secundario.”

Al final cautiva a su auditorio mediante una imagen con la que pareciera decirles: cuando tengas frente a ti el camino de la vida no te detengas a contemplarlo: “Sigue hambriento, sigue alocado.”

Así de enormemente humano era Steve Jobs.


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