José Luis Camacho Acevedo.
Enrique Peña Nieto, por las señales que parecen inequívocas, va a ganar las elecciones presidenciales de 2012.
Las encuestas sobre preferencias electorales, según el análisis de Roy Campos, le dan el triunfo en cualquier escenario de alianzas.
Dice Roy que la combinación de Marcelo y Cordero baja votos a Marcelo y sube los de Peña.
Que la unión de Josefina con López Obrador acercaría a la oposición a los casi seguros 16 millones de votos que hasta ahora puede obtener en julio Peña.
Los 5.9 millones de votos que López Obrador tendrá gracias a MORENA se verán incrementados en un 25% con los 3 de Vázquez Mota y el 1.5 que darían juntos el PRD, lo que era Convergencia y el PT.
Ni Salinas, en el supuesto caso que de verdad fuera un factor de amarre con grupos de poder. Ni Elba Esther con su sindicato que la sigue a ella pero no vota por el PRI, serán los que le den el porcentaje de votos de los 16 millones a los que aspira Peña.
Un arma poderosa serán las redes sociales. No para conseguir votos. Lo serán para ganar legitimidad en el triunfo, si no hay un descuido de por medio como los que tuvieron Colosio y AMLO en su momento.
Peña tiene cuentas de seguidores en el Facebook.
En la que yo me inscribí aseguraron haber pasado el millón de amigos. Pero esa cuenta no es interactiva, es solamente acumulativa. Yo mandé un mensaje diciendo que los amigos de Peña ya se actuaban como si hubieran ganado las elecciones y que ese síndrome de la anticipación le costó el triunfo a Francisco Labastida. Y nunca me contestaron.
También cuenta con su página oficial. Y hasta ahora he conocido a distinguidos ciudadanos que han propuesto en ella tres foros de coyuntura, en los que estoy seguro que Enrique Peña hubiera fortalecido la simpatía de los que lo siguen, y nunca recibieron la menor noticia de interés.
Suponiendo que las redes sociales tengan un registro de 3 millones de adeptos a Peña y su página un millón más, existe el riesgo que el no atenderlos ese número tan importante de ciudadanos ocasionará en ellos el abstencionismo. Pudieran estarse perdiendo de 3 a 5 millones de votos. López Obrador se acercaría a una diferencia de 3 millones de Peña.
Sentir que ya se ganaron unas elecciones que aún no se llevan a cabo es muy peligroso. Actuar como gobernantes antes de serlo es una actitud que se parece más a la soberbia que al profesionalismo. Y ya muchos hablan de que eso está pasando en los cercanos a Peña.
Dicen que lo están distanciando de Eruviel ävila.
Y si los que deben cuidar la interactividad y la participación en la construcción del gobierno eficaz que pretende Enrique Peña en las redes sociales andan en la luna, hay mucho peligro en ello.
Para su fortuna, Enrique Peña está muy a tiempo de enderezar cualquier desvío de su gente. Pero hay que recordar que no se tiene el poder, hasta que se toma posesión del mismo.
Y ese se gana en las urnas.
Ya después será otra cosa.
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