Más de lo mismo
El discurso de Andrés Manuel López Obrador suena más moderado, pero sus planteamientos siguen siendo una amenaza para el futuro económico de México porque se basan en teorías que ya fueron aplicadas y fracasaron.
Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que según la prensa ha moderado su discurso, conserva las mismas ideas económicas que enarboló en su campaña presidencial de 2006.
Eso sí, en sus reuniones con empresarios, es más astuto que antes. Dice no tener todavía un programa económico terminado, cuando apenas hace un lustro presentó con gran aplomo su “Proyecto Alternativo de Nación” y, en particular, su supuesto “nuevo modelo” económico.
En sus discursos recientes, no hay nada que indique que ha cambiado su manera de pensar sobre esos temas. Por el contrario, su insistencia en algunos de ellos muestra que está más convencido que antes.
Para desconsuelo de sus seguidores, antiguos y nuevos, AMLO está lejos de contar con las preferencias electorales que hasta pocos días antes de los comicios del 2 de julio de 2006 lo perfilaban como el potencial ganador.
No obstante, sus ideas siguen siendo una amenaza para el futuro económico de nuestro país, más cuando ha embelesado a varios empresarios que, uno pensaría, deberían ser inmunes al canto de esa sirena.
Por tanto, vale la pena recordar a mis lectores varias de las políticas públicas que AMLO defiende, algunas de las cuales ha vuelto a mencionar en sus presentaciones recientes.
Es importante señalar desde el principio que su “modelo” no tiene nada de novedoso. Es un refrito mal ensamblado de políticas keynesianas y medidas asistenciales e intervencionistas que aplicaron, con resultados muy decepcionantes, las naciones socialistas y las latinoamericanas el siglo pasado.
Por ejemplo, su planteamiento sobre la “autosuficiencia alimentaria” tiene mucha similitud con el “Sistema Alimentario Mexicano” de José López Portillo. Sus ideas para impulsar al campo mexicano son un regreso a políticas públicas que fueron ineficientes y tuvieron efectos negativos en la productividad y la asignación de recursos, como es el caso de los precios de garantía, los créditos subsidiados, los subsidios fiscales, etcétera.
Lo mismo puede decirse de su propuesta de usar el sector energético que está en manos del gobierno como palanca del desarrollo, incluyendo la torpe idea de construir cinco refinerías para dejar de comprar gasolinas en el extranjero.
Es evidente que estos planteamientos no consideran los criterios económicos elementales que comparan los costos y beneficios de una propuesta, ni el hecho de que hay refinerías en venta en muchas partes del mundo porque no son buen negocio.
Sus propuestas de política económica están orientadas, en su gran mayoría, al estímulo de corto plazo de la demanda agregada con fuertes dosis de gasto público, así como una limitación burocrática de las importaciones.
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