Eduardo López Betancourt
En verdad no entiendo cómo el complejo de la Malinche sigue subsistiendo en México, sin más rendimos pleitesía a lo extranjero, en lo material no importa si es de pésima calidad lo adquirimos, o tratándose de seres humanos, recibimos mejor que en su terruño a entes impresentables.
Al respecto, aún recuerdo cuando en el sexenio de Ernesto Zedillo un “españolete-francés” hizo de las suyas, convirtiéndose en el “mandón” de la política mexicana, es más, se le otorgó la nacionalidad por órdenes del “monarca azteca” Ernesto Zedillo, dicho expresidente por cierto, hoy vive en Estados Unidos, se siente un “gringo” más, despreciando todo lo que huela a México.
Sería interminable señalar los ejemplos del malinchismo nacional, sin embargo, hay uno que causa franca repulsión, es el caso de un perverso “alpargatero” que sólo se ha dedicado a explotar mexicanos. Este ruin personaje, a la mala, en la época de Luis Echeverría (teniendo a éste último de inicio como socio, a quien sin más después traicionó) se apropió de una compañía periodística muy importante; no obstante, el vitando individuo no se conformó con manejar medios de comunicación impresa, los incrementó con cadenas radiofónicas y televisivas, aunado a ello se apoderó del deporte olímpico nacional, donde desde hace decenas de años hace de las suyas, por ende no es de extrañar que el deporte mexicano ocupe habitualmente los lugares más afrentosos en competencias internacionales.
Lo triste es que nuevamente se aproximan los despreciables fracasos de nuestro deporte en la justa panamericana de Guadalajara, donde el tipejo de marras buscará tener su habitual papel protagónico, no obstante, bastará con escucharlo para comprobar que su dipsomanía extrema le impide hilar frases coherentes.
La perversidad de tan nauseabundo ser no tiene límites, inclusive se ha hecho pasar por licenciado en derecho, y como tal usurpó un trabajo de revisor en la Procuraduría del Distrito Federal; peor aún, es bien sabido que no paga a sus empleados, quienes por otra parte cotidianamente reciben la instrucción de dedicarse a extorsionar vía el periodismo, muchos se niegan, por lo que dejan de laborar con él.
A tan inmundo personaje por desgracia no hay quien le ponga un alto, las picardías fiscales, los negocios sucios y sus relaciones con las mafias del poder son su conducta consuetudinaria; para él pagar impuestos representa un agravio, empero eso sí, goza de lujosas casas, y contrario a las más elementales reglas de respeto hacia nuestro sistema policiaco, tiene guardias blancas a su servicio.
En un pueblo de Galicia, de donde es originario, mandó erigir una catedral que resulta en verdad ofensiva para la población de aquellos lares, dado que se muestra como una obra en extremo suntuaria, ajena a la arquitectura del lugar; también es realmente grotesca la manera en que reparte allá el dinero, cual si fuera Rico Mac Pato, mientras reiteramos, en México dice que es una afrenta pagarle a sus trabajadores.
Por infortunio conozco a tan avieso individuo, escribí en sus diarios hace tiempo, empero cabe apuntar, muchos artículos que aparecían en su periódico con mi nombre no eran de mi autoría, en especial, unos donde se autoalababa y otros en los que atacaba a mis colegas universitarios; tal inmoralidad unida a las órdenes poco éticas que recibí de su etílica persona y que obviamente me negué a realizar, respecto a golpear con mis letras a políticos para extorsionarlos, hizo que lo abandonara, no sin antes decirle en su cara la ruindad de que era poseedor; lo demandé laboralmente, porque de forma absurda, durante dos años que le presté servicios no cubrió mis honorarios, empero los venales jueces mexicanos le dieron la razón al ominoso tipejo.
Lo cierto es que este sujeto repugnante, aparece como gran señor de los Juegos Panamericano de Guadalajara, donde duele decirlo, pero desde hoy auguramos una actuación decepcionante más de los atletas aztecas, siendo único culpable ese ruin “alpargatero” que sólo vino a México a hinchar sus bolsillos.
Por supuesto, aclaramos que hay infinidad de españoles, quienes han venido a nuestra patria a darnos su amistad y talento, de hecho la gran mayoría de mis profesores han sido de origen ibérico, algo de lo que me siento muy orgulloso; pero como en todo hay excepciones, sátrapas como el tipo reseñado, que bien merece el mote de “gachupín despreciable” o “alpargatero verraco”.
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