El círculo perverso del capital desregulado
Héctor Barragán Valencia
hector_barragan@hotmail.com
El mundo está de cabeza. La banca central de los gobiernos, me refiero principalmente a la Unión Europea y a Estados Unidos, prestan dinero a los bancos comerciales para rescatarlos por sus negocios turbios especulativos, a tasas de interés cercanas a cero. Y ahora los gobiernos deben pagar a los bancos comerciales esos créditos que les dio mediante la banca central. Con esta maniobra la deuda privada se convierte en deuda pública. Así, hoy los gobiernos necesitan dinero para pagar los créditos con los que rescataron a los banqueros. Por tanto, emiten deuda en forma de bonos y préstamos. Y aquí está el detalle: los gobiernos quedaron al borde de la insolvencia por rescatar a los banqueros, de manera que para obtener créditos deben pagar altas tasas de interés… ni más ni menos que a los banqueros rescatados.
El círculo perverso se resume así: yo gobierno te rescato para que tu banquero no quiebres, y luego me prestes el dinero que te regalé para que quien pague los platos rotos de tu irresponsabilidad sea yo gobierno. Pero ese yo gobierno significa que cada ciudadano debe pagar la deuda de los banqueros mediante impuestos más altos, mayor inflación, servicios públicos que desaparecen o que son más caros y malos. Además, para pagar la deuda que legaron los banqueros al pueblo los gobiernos imponen programas de austeridad, consistentes en menor inversión pública, despido de empleados, recorte de salarios, lo que a su vez afecta a las empresas privadas y ocasiona una depresión. Así le pasó a México con el Fobaproa, hoy IPAB, y así le ocurre a Europa y en buena medida a Estados Unidos.
Cuando eso sucedió a México o a Brasil y algunos otros países pequeños, las repercusiones fueron relativamente menores, pero hoy que ese mismo fenómeno se repite en Europa y Estados Unidos, el problema es superlativo, pues pone en juego la viabilidad del orden económico mundial. Por ello Roosevelt tuvo razón cuando aseguró: “Estar gobernados por el dinero organizado es tan peligroso como estarlo por el crimen organizado”. En efecto, los gobiernos permitieron que el mundo sea comandado por el capital financiero sin ningún control social. Vivimos una crisis ocasionada por el capital desregulado que puede ser suicida para el mundo occidental, pues vemos que en esos países aparecen los viejos fantasmas del racismo, el fanatismo, el nacionalismo, el autoritarismo y el acotamiento de la libertad individual.
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