La vida privada
En el lodazal en el que se revuelcan los políticos, también meten a los ciudadanos. Claro, a los morbosos que se quieren meter
Ricardo Alemán
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Molestó a muchos y enfureció a otros tantos la difusión, en este espacio —el pasado jueves—, de los argumentos jurídicos que legalmente sirven para que todo ciudadano —sea o no famoso, político o servidor público— pueda reclamar el respeto a su vida privada.
Dijimos, en pocas palabras, que una cosa es la inviolable libertad de expresión y las libertades de prensa —la libertad de escribir sobre cualquier materia— y otra muy distinta es el derecho que tienen todos los ciudadanos mexicanos a la garantía de mantener resguardada su vida privada.
Sin embargo, y a juzgar por el contenido de las más de 600 visitas de los inquilinos de abajo —y de otros cientos en redes sociales—, se confirmó que, en efecto, una mayoría de opinantes no sólo son ignorantes de las reglas básicas del periodismo sino que, en una preocupante muestra de intolerancia, se tragan completo el anzuelo “engañabobos” de la información basura, y hasta la defendieron como si se tratara de un acto de fe. Por eso, y para abonar argumentos al debate del tema, volvemos al mismo.
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