TIEMPO DE TRAPECISTAS: LAS GUBERNATURAS PENDIENTES LOS IMPULSAN.
José Luis Camacho Acevedo.
Hace casi tres años en Oaxaca, Puebla y Sinaloa el PRI perdió las gubernaturas porque seleccionó a los candidatos equivocados.
En Puebla nadie ligado al “Gober Precioso”, Mario Marín, tenía la menor posibilidad ante un candidato opositor que representara el fin de ese desprestigiado mandato. Y sin embargo en el PRI no lo entendieron así, dejaron al delfín de Mario Marín y perdieron el estado.
En Sinaloa un popular senador MALOVA, apócope de Mario López V., se salió del PRI porque, otra vez, el gobernador en turno pretendió dejar sucesor y perdieron a manos de una coalición PAN-PRD que llevó al ahora expriísta al triunfo en las elecciones. Aunque a la fecha MALOVA ha resultado ser un pésimo gobernador, eso no justifica la falta de sensibilidad de los que decidieron en su partido de origen hacerlo a un lado de fea manera.
En Oaxaca apostaron al continuismo del impresentable Ulises Ruíz y volvieron a fallar. Gabino Cue les ganó con aparente facilidad encabezando a las izquierdas y apoyado sobre todo por AMLO.
Ahora el PRI tiene que seleccionar candidatos en tres entidades donde es oposición (Guanajuato, Distrito Federal y Morelos) y una donde es gobierno (Tabasco).
Y en los cuatro casos está obligado a proceder con mucha sensibilidad para seleccionar a quién respalde mejor su proyecto de regresar a Los Pinos. Las experiencias mencionadas en Puebla, Sinaloa y Oaxaca deben ser revisadas con todo cuidado. Una nueva equivocación y los resultados serán negativos.
En Morelos la recuperación del estado para el PRI está a la vista. Un buen candidato los pone a tiro de ganar las elecciones.
El exgobernador panista Sergio Estrada Gajigal, quien debería estar en la cárcel por los delitos que se le imputaron en su tiempo y sus nexos presumibles con el crimen organizado; ha sido el lastre que no se puede quitar de encima el cuestionado gobernador Marco Adame Castillo.
Ese es el contexto en el que PRI nacional y Enrique Peña Nieto tendrán que decidir quién representa la mayor posibilidad de triunfo en Morelos de tres aspirantes que se mencionan.
El alcalde de Cuernavaca, Manuel Martínez Garrigós, parece ser la carta idónea para que el PRI resulte ganador en los comicios de julio en Morelos. También está el dirigente cenecista Amado Orihuela. Es un cuadro veterano, pero tiene su arraigo, a pesar del perfil rebasado que lo caracteriza para competir en estos tiempos de tanta influencia mediática.
Se viene hablando de que el PRI nacional está siendo “aconsejado” de la posibilidad de que desgastar al PAN con la candidatura de Jorge Morales Barud.
El cálculo debe estar hecho con toda precisión. Un tercero en discordia que ha sido hasta secretario de gobierno de Marco Adame Castillo, puede confundir a los electores.
El PAN se está dividiendo solo en todo el país, pero la opción cabe si Adame ya vio su salida protegida desligándose a tiempo de Felipe Calderón con Ernesto Cordero.
Pero con Calderón en el poder, no será fácil para Marco Adame abandonar el compromiso.
En el DF es donde no debe descomponer el escenario para Beatriz Paredes que en todas las encuestas supera a los aspirantes de la izquierda y del PAN..
La novatez que está exhibiendo Marcelo Ebrard para construir candidatos debe preocupar a las izquierdas. No pudo sostener a su delfín, Mario Delgado y se ha quedado con una sola carta, Miguel Ángel Mancera. Parece vencedor en lo interno, pero que en la competencia formal ante abanderados de otros partidos puede pesar el hecho de que electoral y políticamente es un enigma para los capitalinos.
Los rencores de Mario Delgado no son pocos. Alejandra Barrales, si no es ungida candidata, también será cuestión de analizar.
Los demás inscritos son relleno. Gerardo Fernández Noroña no es prospecto ni para delegado.
Los “Chuchos” apuestan a Carlos Navarrete.
Y el PAN está dividido entre las apuestas del dinero Servitje que ampara a Carlos Orvañanos; la tardía propuesta de Demetrio Sodi y la enjundiosa Gabriela Cuevas que ya tiró el lastre de ser ahijada de Marta Sahagún hace tiempo.
Es decir los azules están divididos y prácticamente derrotados antes de los comicios que decidirán quién es el jefe del gobierno capitalino.
En Tabasco, que el PRI conserva como un bastión clave en el sureste mexicano, pelean dos corrientes. La caciquil que tiene a Roberto Madrazo como la mano que mece la cuna y que proyecta como sucesor de Andrés Granier Melo al actual secretario de salud, Luis Graham Zapata.
Graham ha sido puesto en tesitura de peculado por la revista digital Reporte Índigo de Ramón Alberto Garza, por un desvío millonario de fondos que descubrió la Auditoría Superior de la Federación.
Además de que se le atribuyen acciones prohibidas como otorgar contratos y otras prebendas a familiares.
La otra corriente tabasqueña apuesta por el alcalde de Villahermosa, Jesús Alí de la Torre, quien parece ser el que mejor encuadra en las encuestas con el perfil ganador de Enrique Peña Nieto.
Enfrente los esperan Andrés Manuel López Obrador, un tabasqueño emblemático ahora convertido en líder social más importante de México. AMLO tiene una carta fuerte en Arturo Núñez Jiménez quien ve tranquilo el destazadero interno de los priístas.
Guanajuato es un caso que se cocina aparte y le dedicaremos una columna esta semana para analizar qué puede hacer el PRI en esa entidad, que se convulsiona por la corrupción panista galopante y que, seguramente, ni la esporádica visita papal hará cambiar la percepción del electorado que se apresta a emitir un voto de castigo a la forma de gobernar llena de latrocinios de Juan Manuel Oliva.
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