Lo que natura no da, silicona sí presta (2)
David Gutiérrez Fuentes | Opinión
2012-02-09 | Hora de creación: 01:26:53| Ultima modificación: 01:26:53
Jean-Cluade Mas sobrepasaba los cincuenta años de edad cuando fundó la empresa cuya mala fama le ha dado varias veces la vuelta al mundo: Poly Implant Prothèse, mejor conocida por sus siglas PIP.
Durante algún tiempo, las prótesis PIP eran auditadas por empresas que certificaban que la calidad del contenido resultara apta para el cuerpo humano que los adoptaba por motivos médicos o estéticos. Pero el escándalo demostró que las certificadoras como la alemana TÜV eran tan malas como el relleno de los implantes que Jean Claude vendió por millares al grado de convertirse en el rey de la silicona. Ahora se sabe que se hacía llamar doctor por sus empleados, a los que obligaba a vestir uniforme azul y a portar guantes de látex, cofias y tapabocas.
Henri Arion, inventor de una prótesis mamaria inflable con suero fisiológico, le enseñó a Jean Claude las técnicas para fabricar implantes. Pero tras la muerte de su mentor en un accidente aéreo ocurrido en 2004, el dueño de Poly Implant Prothèse liberó al comerciante que habitaba en su interior y le dio un giro de 180 grados al negocio de las prótesis mamarias: las rebajó a precios inimaginables. Nadie podía competir con él. Además, abrió una línea secundaria de testículos y glúteos artificiales.
Boquiflojo, fanfarrón, amante del juego y de la buena vida, el charcutero se dejaba ver en congresos internacionales y no dejaba de mostrarse osado ante sus competidores: “Vi al señor Mas en una convención médica. Me dijo que mis implantes eran basura y que debía usar los suyos. Presionaba mucho. Parecía querer hacer cualquier cosa para aprovechar un gran mercado, de una forma muy agresiva. Intentó vender sus productos por debajo del precio de mercado de manera que nadie podía competir con él”, comenta el médico Patrick Baraf.
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