Rafael Contreras / Prensa Latina
Latinoamérica encuentra hoy en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) una esperanza para apuntalar los descalabros de siglos de dominación, gobiernos serviles a las grandes potencias y tragedias sociales y económicas. Hechos todos que convirtieron a la región en materia prima y mano de obra barata de las grandes trasnacionales.
A siete años de haber sido creada por Cuba y Venezuela, el Alba sobrepasa las viejas teorías sobre integración regional y deviene novedoso esquema con principios diferentes y sólidos.
No es un proceso eminentemente comercial, sino que hace énfasis en la deuda social acumulada en Latinoamérica y afianza sus bases en la solidaridad y cooperación, deponiendo las ventajas comparativas.
El director del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial en Cuba, Osvaldo Martínez, la calificó recientemente de destino histórico. "El continente tiene razones históricas que imponen una integración para unificar a los pueblos", señaló.
El hecho de compartir una similar historia colonial y neocolonial, de tener una lengua común donde sólo dos idiomas permiten la comprensión entre cientos de millones de personas, y poseer vecindad geográfica, hacen de la nueva integración una necesidad.
Los procesos anteriores al Alba estuvieron caracterizados por el escaso comercio interregional, a pesar de que éste debía ser su punto fuerte, y por la falta de atención a los aspectos sociales y ambientales.
A esto se agregó la ausencia de trato preferencial a los países de menor desarrollo y la falta de coordinación de políticas macroeconómicas que marcaron la realidad del continente, además de las privatizaciones en masa entre los años 80 y 90.
El neoliberalismo, con sus principios de que el mercado lo resuelve todo, cavó hondo en las perspectivas de la América unida y provocó la desintegración total y la debilidad de proyectos actuales como el Mercado Común del Sur o la Comunidad Andina de Naciones.
Finalmente, en los últimos años Estados Unidos instrumentó nuevas políticas como el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA), derrotado en su propósito inicial de abarcar a toda América, pero con terribles mutaciones: los Tratados de Libre Comercio (TLC) bilaterales.
Contraparte del ALCA. Quizás el único saldo positivo que dejaron estas alianzas comerciales en condiciones siempre desventajosas para los países de bajos ingresos, fue la creación del Alba para contrarrestar los TLC.
La alternativa, creada en 2004, promueve proyectos sociales en materia de salud y educación y proporciona las ventajas de un intercambio comercial justo y creciente.
Entre sus principales logros energéticos destacan los suministros estables de combustibles en condiciones de solidaridad, y la creación de Petrocaribe, que surgió con la idea de contribuir a la seguridad del sector petrolero en el área del Caribe.
Recién acaba de concluir otra cumbre del Alba, integrada además por Nicaragua y Bolivia y a la que Dominica acaba de unirse.
El mayor acuerdo allí rubricado fue un banco que prevé financiar proyectos de gran impacto social y garantizará estabilidad y sostenibilidad frente a la turbulencia financiera internacional.
El ministro venezolano de finanzas, recalcó recientemente que el banco es una herramienta financiera fundamental para impulsar las iniciativas en términos de desarrollo.
En momentos en que una segunda recesión económica en Estados Unidos se avecina y las crisis financieras globales son cada vez más frecuentes, los flujos de capitales hacia América Latina peligran día a día.
El gigante del norte sigue siendo el principal socio comercial de Latinoamérica, por lo que una desaceleración de su economía provocará una disminución real de las exportaciones y otros impactos que aún son una gran interrogante para el continente.
Por ello el mayor desarrollo del Alba permitirá independencia de las señales negativas que hoy las inestables economías de los países ricos imponen al resto de América.
A diferencia del ALCA, el Alba promueve las alianzas comerciales sin afectar la estructura económica de los países miembros, y favorece convenios sociales y acuerdos de seguridad energética y alimentaria.
A propósito de sus posibilidades el canciller de Venezuela, Nicolás Maduro, ha dicho: "El Alba es superior a todos los demás esquemas de integración porque tiene la capacidad de poner al ser humano en el centro, de consolidar la soberanía política y también de despuntar los grandes proyectos que le permitirán a nuestros países caminar con pies propios hacia el futuro".
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