viernes, 21 de octubre de 2011

Gobierno de coalición

Héctor Barragán Valencia

hector_barragan@hotmail.com

Hace unos días varias personalidades publicaron en la prensa un desplegado en el cual argumentan sobre la conveniencia y necesidad de conformar un gobierno de coalición. La forma como se presentó el escrito generó confusión. La propuesta es que México cambie de régimen presidencial a parlamentario. Una de las características de este último sistema es que las principales fuerzas políticas, que usualmente no logran mayorías, conforman gobiernos de coalición, en el cual los participantes negocian el programa de gobierno. Además, el gabinete lo integran políticos de los partidos coaligados, ratificados por el Congreso; se separa la función de jefe de gobierno y jefe de Estado; se preserva la pluralidad. Ello implica reformar a la Constitución.

Con dicho régimen se espera favorecer la gobernación y romper con la parálisis política y legislativa que causa varios de los males que padece el país. La propuesta de cambio responde a otra oferta política, la cual plantea la clausula de gobernación, que permita al presidente de la república y los ejecutivos estatales conformar mayorías en el Congreso para gobernar. Algunas desventajas de esta propuesta son: reconcentra el poder en el Ejecutivo; se mina la pluralidad; retorna el autoritarismo; se socavan los débiles controles y contrapesos que sujetan a los políticos; se debilita todavía más la rendición de cuentas.

Pero el régimen parlamentario no está exento de problemas, como se aprecia en casi toda Europa… crisis que hacen patente los movimientos de indignados. Allá, los parlamentos se divorciaron de los gobernados, a los que deben servir y representar. Conforman elites que se reparten el poder, gobiernan de la mano de poderosos intereses económicos globales y se olvidan del ciudadano. Igual que en México. Aquí, la apertura política permite transmitir el poder entre las élites, logro notable, pero no hay un gobierno del pueblo para el pueblo, como se define a la democracia. Aquí y allá fallan los sistemas de control y de rendición de cuentas. Estamos ante una crisis de la democracia.

Ergo, ¿qué régimen elegir? El sistema presidencial es viable si se amplían los poderes constitucionales del presidente para gobernar, y el parlamentarismo es también aceptable. El problema de ambos son la rendición de cuentas de políticos y el control sobre los poderes fácticos que imponen su voluntad. Si no se devuelve el poder al ciudadano, utilizando la tecnología, y se establecen controles al gran capital, en particular el financiero, el cambio de régimen quizá sirva de muy poco.

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