Arbitraje médico: Errores sin remedio
Catalina Noriega / Organización Editorial Mexicana
catalinanq@hotmail.com twitter: @catalinanq
A raíz de la creación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (1990), empezaron a llegar quejas de personas que tenían algún problema de carácter médico. La comisión no podía atender las denuncias en este renglón, por la necesidad de contar con personal especializado, lo que inflaría el organismo a tamaños incluso inmanejables. Así surgió en 1996 la Comisión Nacional de Arbitraje Médico (Conamed), con el objeto de dirimir estas querellas que, por su misma naturaleza, pueden costar la vida.
Porque no es lo mismo el que te agravie un burócrata insensible, a que, por una "metida de pata" médica pierdas un órgano, te quedes con problemas crónicos o incluso acabes en una funeraria.
Hay historias de pavor, como el del paciente a quien le amputaron la pierna buena, en tanto le dejaron la que tenía gangrenada y que, posteriormente hubo que removerle. Personas a las que les quitaron el riñón bueno, en lugar del enfermo; otras a quienes se les dejó material quirúrgico dentro –como pinzas, esponjas, gasas– y qué decir de aquellas que tuvieron un mal diagnóstico o una mala medicación.
Todo mundo es falible, pero en el caso de quienes hicieron el Juramento de Hipócrates, los errores salen caros y muchas veces son irremediables.
La Conamed ha tenido luces y sombras. Hay un sector que opina que protege en exceso a los médicos y a las instituciones de salud, por lo que pocas veces le da la razón al paciente o a los familiares quejosos. Para otros funciona, a extremo que, en fecha reciente sancionó por primera vez a un médico privado, por realizar una operación de colon, que no era necesaria.
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