Sergio Gómez Montero
El tiempo se acorta vertiginosamente, y junto a este fenómeno parece ineludible, para intelectuales y políticos de todo el país, pero particularmente para las defeños, ubicarse en algún bando de los que desde ahora están disputando por la candidatura presidencial del 2012. El ¿tú con quién te cobijas?, parece ser una pregunta que requiere de una respuesta inmediata, más allá del ¿y tú eres congruente, en pensamiento y práctica, con lo que crees?
Tres grupos, hasta hoy, se han definido plenamente (hay un cuarto, pero ése ni cuenta: el del exsecretario Cordero, con todo y que sea el candidato impuesto). Uno, hasta hoy el más amplio y confiado en exceso, es el que se alinea acríticamente con Enrique Peña Nieto. En él milita lo más puro (y por eso mismo es impuro) de la militancia priísta, con su comandante mayor al frente, Carlos Salinas de Gortari, y una pléyade de falderillos enorme: desde el dueño de Televisa, hasta exgobernadores y gobernadores, obispos non santos, plumas y micrófonos de los que tienen precio, lo más sucio y ruin de la política nacional.
El segundo grupo lo comanda Manlio Fabio Beltrones, y de entrada ése es su pecado, al margen de que en él militen hoy desde Marcelo Ebrard, Santiago Creel, Cuauhtémoc Cárdenas, Juan Ramón de la Fuente, Carlos Fuentes, José Woldenberg y varios estrellitas más, para quienes la consigna es la coalición a toda costa, pero cuyos invitados son sólo los actuales partidos políticos; nadie más entra al convite.
Estos dos grupos mencionados tienen un enemigo común: Andrés Manuel López Obrador, quien creen que de llegar electoralmente a la hoy devaluada Presidencia del país, pudiera trastrocar radicalmente las reglas no escritas bajo las cuales funciona el sistema social mexicano, y particularmente la política, lo cual pondría, sí, en efecto, en crisis toda la base de sustentación de la vida cotidiana nacional, esa vida cuyo sustento es la corrupción, la injusticia, la inequidad, la negativa a permitir una verdadera participación social. Y es que sí, en efecto, hoy somos muchos, muchísimos (¿cuántos le gustan: 4 millones, 5?, ¿y todos los que vamos a ser para julio del 2012? Un chorro, un chorrísimo. Me cae que sólo falta usted), los que militamos en el grupo de AMLO sin importarnos qué lugar ocupamos en él, pues sabemos que allí todos somos compañeros y con eso es suficiente.
Para todos es importante ahora estar ya posicionado, porque puede venir la cargada y lo pueden encontrar a uno fuera de lugar. A excepción, claro, de los del tercer grupo, para quienes, compañeros todos, sabemos de antemano nuestras tareas; tareas que parecieran concentrarse en una sola: este país tiene que cambiar, pero ya, ahorita, y todos, absolutamente todos allí tenemos tareas que cumplir, por aparentemente muy pequeño lo que nos toque hacer. Contribuir con nuestro granito de arena para que este país cambie, es una tarea de enormes proporciones. Entonces, ¿para qué coaliciones con nuestros enemigos de siempre?
Eso, creo, distingue a los tres grupos que competirán en el 2012.
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